




Afrontar la incertidumbre no significa convencerte de que todo va a salir bien. Significa aprender a adaptarte, ajustar el camino y reconocer qué puedes hacer incluso cuando no tienes el control del resultado.
3 ejercicios prácticos para trabajar tu necesidad de control:
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Obsérvate: identifica en qué momentos aparece la incertidumbre, qué haces para sentir más seguridad y qué estás intentando conseguir con esa conducta. Así puedes empezar a reconocer tus propios intentos de buscar certeza.
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Crea tu menú de habilidades y recursos: en lugar de intentar anticipar todo lo que podría salir mal, identifica con qué herramientas cuentas si algo cambia, si te equivocas, si necesitas más tiempo o si no sabes qué hacer.
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Haz el experimento del 80 %: elige una decisión o acción pequeña y avanza sin esperar a tener el 100 % de certeza. El objetivo es practicar que puedes actuar aunque todavía exista incertidumbre.