Cuando la Vida Cambia, el Cerebro También: Reflexiones de una Nueva Experiencia.
- sara burneo
- 13 nov 2025
- 4 Min. de lectura

Los cambios son parte inevitable de la vida. Son ellos los que nos impulsan a crecer, a mirar el mundo desde nuevos puntos de vista y, a veces, incluso a replantearnos quiénes somos en varios aspectos. Cada cambio activa algo increíble en nuestro cerebro la neuroplasticidad. Ya que se crean nuevas conexiones neuronales, adaptación y transformación. En otras palabras, cambiar nos hace literalmente más capaces de adaptarnos y aprender.
Este blog será un poco diferente.
Hoy quiero hablar de la aventura de enfrentar un cambio completo mi experiencia de empezar mi vida como estudiante de maestría en neurociencia cognitiva y del comportamiento en un país y ciudad completamente nuevos. Aquí, no conozco a nadie estoy a seis - siete horas de diferencia de las personas que más quiero y extraño; y cada día es un reto de adaptación y descubrimiento, pero tambien de sonrisas de aventuras, de conocimiento.
A través de este espacio quiero compartir cómo vivir estos cambios, lo que he aprendido sobre mí misma y cómo, pese a la distancia y la incertidumbre, cada pequeño paso se convierte en una oportunidad de crecimiento.
Primero aprendí que está bien no saber. Que está bien adentrarse en lo desconocido, y que el hecho de no dominar algo específico no te hace ignorante. Al contrario, es una puerta que te abre a nuevas experiencias y al aprendizaje.
También descubrí que soy capaz de mucho más de lo que imaginaba. Cosas que hace apenas tres o cuatro días no creía poder hacer, hoy se que si puedo hacerlas. Cada pequeño logro se convierte en una prueba de que podemos sorprendernos a nosotros mismos cuando nos damos la oportunidad de intentarlo.
Aprendí que el mundo no se acaba porque las cosas no salgan exactamente como queremos. Aunque el proceso puede ser doloroso y requiere aprender a soltar, también me ha mostrado que sí puedo hacerlo. Todo sucede por una razón ya sea para enseñarnos algo, abrirnos a nuevos caminos, mostrarnos cosas que no habíamos visto o simplemente para que aprendamos a mirar la vida con otros ojos.
Ha pasado una semana desde que empezó esta aventura, y poco a poco he aprendido algo fundamental: nuestro cerebro cambia cuando enfrentamos novedades. Cada cambio en nuestra vida genera cambios fisiológicos en el cerebro; todo lo que hacemos, desde lo más simple hasta lo más complejo, implica activación y adaptación cerebral.
Estos cambios se han manifestado desde cosas muy básicas, como:
Aprender rutas y ubicaciones nuevas.
Adaptarse a un nuevo ritmo social y cultural.
Resolver problemas cotidianos de manera independiente.
Estos desafíos requieren activación constante de regiones clave del cerebro como la:
Corteza prefrontal: planificación y toma de decisiones.
Hipocampo: formación de nuevas memorias espaciales.
Circuitos de recompensa dopaminérgicos: refuerzo de aprendizajes exitosos.
Como psicóloga descubrí algo que me voló la cabeza, el hecho de que el cerebro cambia cada vez que te atreves a entrar a un lugar nuevo. Sí, así como lo lees. Resulta que varios estudios, como el famoso de Maguire et al. (2000), muestran que adaptarte a un entorno desconocido hace que tu cerebro cree más conexiones en zonas relacionadas con la memoria y el aprendizaje espacial.
en pocas palabras, cuando te arriesgas a explorar lo que no conoces, no solo creces tú también crece tu cerebro.
Cuando cambiamos nuestras rutinas o formas de actuar por ejemplo, organizar nuestro tiempo, gestionar emociones ante lo desconocido o establecer nuevas relaciones:
Se fortalecen nuevas conexiones sinápticas en la corteza prefrontal y el estriado, implicadas en planificación, regulación emocional y adquisición de hábitos.
Las experiencias emocionales asociadas a éxito o fracaso modulan la liberación de dopamina, reforzando aprendizajes positivos y facilitando la adaptación a nuevas circunstancias (Schultz, 2015).
Estas semanas he puesto todo esto en práctica… y honestamente, ha sido una montaña rusa. Llegar a un nuevo país y empezar otra vez desde cero es algo que nadie te enseña a hacer. Lo primero fue no tener número telefónico, y créeme intentar orientarte en Granada sin mapas, sin datos y con cero referencias fue toda una aventura (Y sí, he pedido ayuda varias veces en la calle… pero honestamente, la forma en que aquí dan referencias me marea todavía más.). De hecho, un día hasta me perdí en medio de la ciudad.
Los primeros días fueron frustrantes, incluso un poco desesperantes, pero también aunque suene extraño. los disfruté. Tuve que inventarme nuevas formas de moverme, aprender rutas, usar mis sentidos y mi intuición. Esa experiencia me recordó que sí puedo, que soy capaz de resolver lo inesperado y adaptarme, incluso cuando todo parece un caos.
También he tenido que reaprender a gestionar mi tiempo. Volver a estudiar, tener como prioridad una titulación en neurociencia, y reorganizar mi vida desde lo cotidiano hasta lo académico ha sido otro reto. Estoy aprendiendo a adaptarme, a escucharme, a entender que estoy en un lugar completamente nuevo: no solo geográficamente, sino también internamente.
Y aquí viene lo fascinante: cada vez que atravieso uno de estos desafíos, mi cerebro se mueve conmigo. La neurociencia lo explica con claridad: gracias a la neuroplasticidad, nuestro cerebro crea nuevas conexiones cuando aprendemos algo, cambiamos de rutina o enfrentamos situaciones fuera de lo habitual. En cada reto se activan regiones como la corteza prefrontal (planificación, decisiones) y el hipocampo (memoria, aprendizaje), como si mi cerebro dijera: “ok, vamos a hacer espacio para lo nuevo”.
Además, estoy rodeada de personas que saben cosas que yo no sé. Lejos de hacerme sentir menos, eso se ha convertido en una de mis mayores motivaciones. Cada conversación, cada explicación, cada perspectiva distinta es una forma de fortalecer mis propias conexiones neuronales. No necesito ser experta en todo; necesito estar abierta a aprender.
Y si algo he entendido es esto: cada desafío es una oportunidad de crecimiento personal y cerebral. Gestionar mi tiempo, adaptarme a lo desconocido, permitirme aprender y equivocarme. todo eso activa mi mente, me recuerda que estoy construyendo una versión más fuerte, más consciente y más alineada conmigo misma.
Cada paso que doy es un escalón más en este camino, y aunque a veces dé vértigo, también se siente como una hermosa transformación desde adentro.







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