Tomar decisiones ese pequeño acto que a veces pesa como una montaña.
- sara burneo
- 7 dic
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 8 dic

Tomar decisiones puede ser una de las cosas más difíciles que hacemos.No porque no sepamos qué es lo correcto, sino porque…¿por qué duele tanto elegir algo que, en teoría, nos hará bien?¿Por qué aparece ese miedo justo cuando intentamos cuidarnos?
Desde que llegué a España para comenzar mi maestría, estas preguntas se volvieron parte de mi vida diaria.Hay días en los que estoy segura de que estoy construyendo el camino que deseo…y aun así surge una vocecita interna que pregunta
“¿Y si no fue la mejor decisión?” “¿Y si dejé algo atrás que sí necesitaba?” “¿Y si no puedo con todo esto?”
Y es que cuando estás lejos de lo conocido, empiezas a ver tus sombras con una claridad que da miedo. Es como mirarte a los ojos en un espejo emocional que no puedes evitar.Ahí es donde la decisión pesa más en elegir enfrentar el miedo en lugar de evitarlo.
Cada día, incluso sin darnos cuenta, elegimos seguir, frenar, respirar, intentarlo de nuevo, sostenernos un poquito más, permitirnos fallar y levantarnos después. Y aquí, viviendo tan lejos, esas decisiones se sienten más grandes, más profundas, más reales.
Pero también llegan pensamientos que duelen“¿Valió la pena lo que dejé atrás?”“¿De verdad elegí bien?”“¿Y si lo correcto también puede sentirse triste?”
Y sí, a veces lo correcto duele; a veces crecer implica soltar; a veces avanzar implica despedirse. Pero incluso en ese dolor hay algo profundamente humano:la posibilidad de elegirte, una y otra vez.
Y una de las partes más difíciles de tomar decisiones es lo que pasa después. Ese instante en el que aparece el silencio…y con él, las preguntas que pesan en el pecho
“¿Lo hice bien?”“¿Era por aquí?”“¿Y si me equivoqué?”
Y duele.Pesa en la mente y pesa en la culpa.Pero aquí viene algo que he aprendido viviendo todo esto:
Una decisión que no salió como esperabas no es una pérdida; es una experiencia avanzada.
No vuelves a cero.Vuelves con aprendizaje.
Esa decisión la que dolió, la que te confundió, la que no salió como imaginabas también te enseñó algo: quién eres, qué necesitas, qué límites tienes y qué caminos ya no quieres repetir.
Tomar decisiones también pasa así en tu cerebro.
Si alguna vez sentiste ese nudo en el estómago antes de elegir algo, o esa mezcla de intuición y miedo que no entiendes… tu cerebro tiene mucho que ver.
1. La corteza cingulada anterior detecta el conflicto
Antes de ponerlo en palabras, tu corteza cingulada anterior ya notó que hay una elección por hacer.
2. La ínsula traduce tus sensaciones
Ella registra la emoción corporal: intuición, incomodidad, miedo, emoción.Por eso sientes que una decisión se acerca antes de racionalizarla.
3. El sistema de recompensa analiza el valor
La corteza orbitofrontal compara opciones.El núcleo accumbens anticipa placer, posibilidad, deseo.Por eso algunas decisiones “nos llaman” más que otras.
4. La amígdala evalúa el riesgo emocional
Revisa miedo, recuerdos, incertidumbre, si percibe peligro, aumenta la activación emocional: decidir se vuelve difícil.
5. El hipocampo trae tus experiencias
Pregunta:"¿Qué pasó la última vez que elegiste algo parecido?"
6. La corteza prefrontal integra todo y decide
Aquí se mezclan emoción, lógica, memoria y valores personales. La decisión final es una conversación interna entre todas estas partes.
Decidir también transforma tu salud mental
Una decisión no solo cambia tu camino:cambia tu autopercepción y tu bienestar emocional.
Cada vez que eliges algo alineado contigo:
refuerzas redes de claridad y autocuidado
reduces confusión
entrenas la intuición
fortaleces tu capacidad de avanzar.
Y cuando una decisión es difícil, tu cerebro se reorganiza para aprender algo nuevo.Decidir es crecer.Decidir es adaptarse. Decidir es darte una oportunidad.
El aprendizaje nace del “error de predicción”
Cada decisión produce un resultado.El cerebro compara lo que esperaba con lo que sucedió. Si no coincide aparece el error de predicción.
Ese pequeño momento incómodo es exactamente lo que te hace aprender, mejorar, madurar.
Por eso quienes deciden crecen más rápido que quienes se quedan paralizados.
Decidir también libera dopamina
Incluso sin ver resultados inmediatos, tu cerebro piensa:“Estoy avanzando.” Y eso activa motivación, iniciativa y bienestar.
En resumen cada decisión incluso las difíciles te construye.
Decidir da miedo porque implica cambio.Decidir duele porque implica crecimiento.Pero decidir también te recuerda algo que a veces se nos olvida:
puedes elegirte a ti.
Cada elección, incluso la más pequeña, es un paso hacia tu versión más auténtica.Un recordatorio de que sigues avanzando, aprendiendo y sosteniéndote, aun cuando tu mente dude.
Así que si hoy estás frente a una decisión que te da miedo…respira.Escucha lo que sientes.Mira lo que tu cerebro intenta decirte. Y recuerda
decidir es el primer acto de amor propio.







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